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ISSN 1390-7778 (Versión Impresa)
ISSN 2528-8148 (Versión Electrónica)
YACHANA
Revista CientífiCa
Volumen 15, Número 1, Enero-Junio 2026
27/01/2026
10/10/2025
Artículo de investigación
31/01/2026
Resumen
El envejecimiento poblacional es una ten-
dencia global. En este contexto, es esen-
cial profundizar el conocimiento sobre las
problemáticas propias de la vejez avanza-
da y su impacto en el bienestar. El ore-
cimiento es un constructo multidimensio-
nal, que abarca el bienestar psicológico,
social y emocional. El presente estudio
tuvo como objetivo explorar la presencia
de fragilidad en personas mayores de edad
avanzada en Argentina y su relación con
el orecimiento, considerando las diferen-
cias de género. Se trabajó con un diseño
no experimental, transversal y correlacio-
nal. Se seleccionó una muestra de 100 per-
sonas de 80 a 95 años de la ciudad de Mar
del Plata (50% de género femenino y 50%
de género masculino). Se le administró un
cuestionario sociodemográco, la Escala
Clínica de Fragilidad y la Escala de Flo-
recimiento Multidimensional. Respecto al
estatus de fragilidad, el 34% fueron eva-
luados como frágiles. A su vez, se observa
una asociación signicativa con el género,
con una mayor incidencia en el género fe-
menino. Las personas no frágiles presen-
taron niveles más elevados en el oreci-
miento global, así como en sus dimensio-
nes de bienestar psicológico y emocional,
sin diferencias signicativas en relación al
bienestar social. Al comparar por género,
se observa que la fragilidad se asoció con
menor bienestar psicológico en el género
masculino y con menor bienestar emocio-
nal en el femenino. Los hallazgos apoyan
el carácter multidimensional de la fragili-
dad y la necesidad de incorporar perspec-
tivas sensibles al género que promuevan
el orecimiento y la calidad de vida en la
vejez avanzada.
Palabras clave: bienestar, vejez, geronto-
logía.
Florecimiento y fragilidad en personas
mayores: Evidencias de diferencia de género
Flourishing and Frailty in Older Adults: Evidence of Gender
Differences
Florencia Aldana Ferreyra
https://orcid.org/0000-0003-2028-7638
Universidad Nacional de Mar del Plata, Facultad de Psicología, Mar del Plata-Argentina, orenciaferreyra.psi@gmail.com
María de la Paz Pereyra
https://orcid.org/0009-0005-1101-3557
Universidad Nacional de Mar del Plata, Facultad de Psicología, Mar del Plata-Argentina, pazpereyra3@gmail.com
Claudia Josena Arias
https://orcid.org/0000-0003-2154-187X
Universidad Nacional de Mar del Plata, Facultad de Psicología, Mar del Plata-Argentina, cjarias@mdp.edu.ar
https://doi.org/10.62325/10.62325/yachana.v15.n1.2026.1035
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Abstract
Population aging is a global trend. In this context, it is crucial to deepen the understanding of
the specic characteristics of advanced old age and their impact on the well-being. Flourishing
is a multidimensional construct that encompasses psychological, social, and emotional well-be-
ing. The present study aimed to explore the presence of frailty in older-old adults in Argentina
and examine its relationship with ourishing, considering gender dierences. A non-experi-
mental, cross-sectional, and correlational design was used. The sample consisted of 100 adults
aged 80 to 95 years from the city of Mar del Plata (50 men and 50 women). Participants com-
pleted a sociodemographic questionnaire, the Clinical Frailty Scale, and the Multidimensional
Flourishing Scale. Thirty-four percent of participants showed some degree of frailty. A signi-
cant association was found between frailty and gender: women showed a higher incidence of
elevated frailty levels. Non-frail individuals reported higher scores in global ourishing and
in its psychological and emotional well-being dimensions, with no signicant dierences in
social well-being. When comparing by gender, frailty was associated with lower psychological
well-being among men and lower emotional well-being among women. These ndings support
the multidimensional nature of frailty and highlight the need to incorporate gender-sensitive
perspectives that promote ourishing and quality of life in advanced old age.
Keywords: well-being, old age, gerontology.
Introducción
El envejecimiento poblacional es un fenó-
meno global que conlleva cambios estruc-
turales en la conformación de las socieda-
des (United Nations, 2022). A nivel global,
la expectativa de vida al nacer alcanzó los
73,3 años y se espera que continúe en au-
mento (Naciones Unidas, 2024), por lo que
cada año más personas alcanzan y transitan
la vejez avanzada. Esta tendencia presenta
diferencias por género a nivel mundial. La
expectativa de vida de las mujeres superó
a la de los hombres por 5,4 años (United
Nations, 2022). En Argentina, el censo de
2022 informó 140 mujeres cada 100 varo-
nes en el grupo de mayores de 65 años, y
228 mujeres cada 100 varones en el grupo
de 85 años y más (INDEC, 2023).
Múltiples organismos internacionales se
han pronunciado sobre la importancia de
ampliar los conocimientos existentes sobre
esta etapa vital cuya proporción crece en
forma exponencial en todo el mundo. La
Década del Envejecimiento Saludable es
una iniciativa de la Organización Mundial
de la Salud que orienta a organizaciones de
la sociedad a contribuir con la mejora de
la calidad de vida de las personas mayores
(OMS, 2020).
El envejecimiento saludable es entendido
como un proceso que abarca toda la vida, e
implica fomentar y mantener la capacidad
funcional que permite el bienestar (OMS,
2015). En ese sentido, se articula con los
Objetivos de Desarrollo Sostenible pos-
tulados por la Organización de Naciones
Undas en 2015, entre los cuales, el número
3, sobre Salud y Bienestar, propone garan-
tizar una vida sana y promover el bienestar
para todos en todas las edades (Naciones
Unidas, s.f.)
A su vez, la valorización de las personas
mayores y su contribución social, así como
la promoción de su bienestar integral, son
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objetivos que se enmarcan en los princi-
pios de la Convención Interamericana so-
bre Protección de los Derechos Humanos
de las Personas Mayores (OEA, 2015).
La vejez avanzada presenta características
diferenciales y requiere de un abordaje
especíco si se pretende comprender su
complejidad y diseñar intervenciones que
se ajusten a las necesidades de este grupo
poblacional. Las personas mayores pueden
atravesar pérdidas vinculadas a su salud,
a su capacidad funcional y a sus vínculos
signicativos; por ello, una perspectiva
integral debe atender estas cuestiones así
como su impacto en el bienestar y la cali-
dad de vida (OMS, 2015).
La incidencia de problemáticas como la
dependencia funcional y el aumento de la
multimorbilidad de enfermedades y afec-
ciones crónicas crecerá en la medida en
que las personas vivamos más años. Sin
embargo, es necesario tomar en cuenta y
potenciar los recursos y la resiliencia de las
personas mayores, así como los servicios
y dispositivos públicos necesarios, para
hacer frente a las adversidades y sostener
su contribución a las comunidades a las
que pertenecen, así como la posibilidad
de vivir vidas signicativas aún en presen-
cia de enfermedad. El presente trabajo se
propone contribuir a la comprensión de la
relación compleja que existe entre el bien-
estar y la fragilidad en edades avanzadas,
partiendo de un enfoque sensible a las di-
ferencias que existen en relación al género.
Florecimiento en la vejez avanzada
Durante años la vejez avanzada ha sido
abordada desde un paradigma biologicis-
ta y centrado en los décits asociados a
la edad. Estas conceptualizaciones parten
de estereotipos negativos sobre esta etapa
vital, que no siempre coinciden con los
hallazgos de la investigación. En la actua-
lidad, aún persisten narrativas que la vin-
culan principalmente con la fragilización y
la enfermedad, dejando de lado la diversi-
dad de trayectorias y vivencias al enveje-
cer. Los aportes de la Psicología Positiva,
la Gerontología y la neuropsicología han
contribuido a problematizar estas narrati-
vas y poner el foco en aspectos positivos y
recursos presentes en esta etapa (Ferguson
et al. 2021; Lombardo, 2013).
La Psicología Positiva es la disciplina abo-
cada al estudio cientíco del bienestar hu-
mano y los aspectos positivos que permi-
ten prosperar a individuos y comunidades
(Seligman & Csikszentmihalyi, 2000). Su
desarrollo surge como respuesta a décadas
de investigación psicológica centrada en
los aspectos patológicos y busca profun-
dizar la comprensión sobre las emociones
positivas, las fortalezas y recursos que per-
miten afrontar el sufrimiento y vivir vidas
satisfactorias y signicativas.
Desde su auge en la década de 1980 se han
desarrollado distintas conceptualizaciones
sobre el bienestar. En un primer momen-
to, Diener (1984) propone el concepto de
bienestar subjetivo reriéndose al modo
en que una persona evalúa su vida, abar-
cando dos componentes: uno afectivo, vin-
culado a la presencia de afectos positivos
o negativos, y un componente cognitivo,
referido a la satisfacción con la vida. Por
su parte, Ry (1989) diferencia entre las
nociones de bienestar subjetivo y bienestar
psicológico: este último sería el resultado
de un funcionamiento psicológico óptimo:
una persona podría sentir pleno bienestar
psicológico, a pesar de experimentar emo-
ciones negativas debido a circunstancias
especícas. Mientras que el bienestar sub-
jetivo se relaciona con una tradición hedo-
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nista del bienestar, asociada al placer y la
felicidad, el segundo retoma la tradición
aristotélica de eudaimonía, vinculada al
desarrollo personal a lo largo de la vida,
las virtudes y los retos existenciales.
La noción de vida oreciente propuesta por
Keyes (2002) plantea una visión amplia
del bienestar humano, que integra las tra-
diciones hedonista y eudaimónica del bien-
estar humano (Crespo & Mesurado, 2015).
Es denido como un estado de funciona-
miento psicológico óptimo, con presencia
de emociones positivas y vínculos signi-
cativos, y abarca tres dimensiones: el bien-
estar psicológico, el bienestar emocional y
el bienestar social (Keyes, 2002). Mientras
que el primero reere a la percepción de
plenitud y el sentido vital a lo largo de los
años, el bienestar emocional es entendido
como la vivencia subjetiva de afectos po-
sitivos en un momento determinado de la
vida de un individuo. A su vez, se propo-
ne la dimensión de bienestar social, que
involucra la relación entre individuos y
sociedad, el sentimiento de pertenencia y
aceptación de la comunidad, así como la
contribución a la misma (Keyes, 2002).
La exploración de estos constructos a lo
largo del curso vital ha evidenciado una
distribución en forma de U de las pun-
tuaciones de bienestar que se replica en
diferentes contextos, según la cual la vejez
se posicionaría como una de las etapas de
la vida con mayores niveles de bienestar
(Blanchower & Oswald, 2008; Oshio
& Shimizutani, 2024). Este fenómeno es
conceptualizado por Carstensen y Charles
(1998) como “la paradoja de la vejez”: las
personas mayores presentan altos niveles
de resiliencia incluso en presencia de pér-
didas y declives que ocurren con frecuen-
cia en esta etapa vital.
Sin embargo, investigaciones recientes
problematizan el carácter universal de este
fenómeno (Steptoe et al. 2015). Un metaa-
nálisis reciente realizado por Buecker et
al. (2023) evidencia que, en estudios lon-
gitudinales, los niveles de satisfacción con
la vida se incrementan desde los 16 hasta
los 70 años, pero luego descienden en eda-
des más avanzadas. A su vez, un estudio
de cohorte realizado en China indica que,
mientras que la distribución en forma de U
de bienestar subjetivo se ajusta a los resul-
tados de la población de áreas urbanas, los
niveles de bienestar descienden en la vejez
avanzada de poblaciones rurales (Li et al.
2022). Respecto del bienestar psicológico,
distintos estudios han identicado vulnera-
bilidades en aspectos como el propósito vi-
tal y el desarrollo personal en las personas
mayores (Ry, 2014; Ry et al. 1995).
El Estudio Global de Florecimiento es un
proyecto reciente de diseño longitudinal
que abarca 22 países y más de 200.000
participantes, con el n de conocer cómo
se distribuye el orecimiento en distintas
regiones y contextos. Los autores propo-
nen una noción de orecimiento entendido
como un estado en el que todos los aspectos
de la vida de una persona están bien, inclu-
yendo los contextos en los que se desarro-
lla. Su exploración reveló que los niveles
de este constructo se sostienen durante la
juventud y la mediana edad, y comienzan
a elevarse a partir de los 50 años. Sorpren-
dentemente, fueron las personas mayores
de 80 quienes reportaron los puntajes más
altos de orecimiento (VanderWeele et al.,
2025). En la misma línea, un estudio com-
parativo de diferentes grupos de edad reali-
zado en la ciudad de Mar del Plata eviden-
ció que, entre las personas de edad avan-
zada, aquellos comprendidos entre los 80 y
90 años, presentaron niveles más elevados
de orecimiento que las de 60 a 70 años, en
sus dimensiones de bienestar psicológico,
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emocional y social (Arias & Pereyra, 2025).
La heterogeneidad en las conceptualiza-
ciones y formas de evaluar el bienestar
podría inuir en la existencia de resulta-
dos contradictorios sobre el bienestar en
la vejez avanzada. A su vez, diversas in-
vestigaciones han identicado que factores
vinculados a la salud -de alta incidencia en
esta etapa- se asocian a menores niveles de
orecimiento, tales como la presencia de
enfermedades crónicas (Yi et al. 2025), la
dependencia en actividades de la vida dia-
ria (Otgon et al. 2023) y el estado de salud
percibido (Arias & Pereyra, 2025). Estos
hallazgos ponen de relieve la compleji-
dad del bienestar en los últimos años de la
vida: mientras que, en algunos contextos,
las personas mayores reportan niveles ele-
vados de orecimiento, factores demográ-
cos, socioeconómicos o vinculados a la
salud pueden restringir esta experiencia.
Fragilidad
La fragilidad se ha consolidado como un
constructo central para comprender las
desigualdades en el envejecimiento. En un
primer momento, el término fue adoptado
para describir a pacientes con dependencia,
institucionalizaciones y multimorbilidad.
En la actualidad, es considerado un síndro-
me clínico multidimensional, que abarca
aspectos físicos, cognitivos y psicosociales
(Sciacchitano et al. 2024). La presencia de
fragilidad se asocia con una disminución
de reservas físicas, vulnerabilidad al estrés,
dependencia funcional y mayor riesgo de
complicaciones clínicas y mortalidad (Liu
et al. 2024; Jachymek et al. 2022).
Durante la vejez avanzada las probabilida-
des de presentar fragilidad aumentan sig-
nicativamente. Los estudios epidemioló-
gicos muestran que su incidencia aumenta
con la edad independientemente del instru-
mento utilizado para su evaluación (Qiu et
al. 2024; Rhormann, 2020). A su vez, se
observa una estrecha relación con otras
variables sociodemográcas como el nivel
educativo, el estado civil y el género (Qiu
et al. 2024). En relación a esta última, si
bien las mujeres presentan una mayor ex-
pectativa de vida, transitan esta etapa con
mayor incidencia de patología y discapaci-
dad (Zeidan et al. 2023).
La literatura en salud y envejecimiento ha
documentado consistentemente una para-
doja de género en salud, que señala que
las mujeres tienden a vivir más años que
los varones, pero con peor salud percibi-
da, mayor morbilidad y más limitaciones
funcionales. Este fenómeno fue descrito
inicialmente por Nathanson (1975) y desa-
rrollado con mayor profundidad por Ver-
brugge (1985, 1989), quien planteó que las
mujeres enferman más, pero mueren me-
nos. Investigaciones posteriores conrma-
ron que esta brecha se presenta en distin-
tos contextos socioculturales (Macintyre
et al., 1996; Crimmins et al., 2011). Las
explicaciones propuestas integran factores
biológicos, conductuales y sociales, desta-
cando la inuencia de los roles de género,
las desigualdades estructurales y las dife-
rencias en la exposición y respuesta ante
los riesgos para la salud.
Un metaanálisis realizado en Latinoaméri-
ca y el Caribe estimó una prevalencia del
19,6% de fragilidad en las personas mayo-
res de la región, aunque el rango presenta-
do en las investigaciones era amplio (7.7%
- 42.6%) (da Mata et al., 2016). Un estudio
comparativo realizado por Matus-López y
Chaverri-Carvajal (2023) indica que la pre-
valencia de fragilidad sería del 15.6% en
Brasil, y del 12.6% en Chile. A su vez, los
autores observan diferencias signicativas
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en los determinantes de la fragilidad entre
los dos países, resaltando la importancia de
contar con estudios locales que permitan
conocer las características de esta pobla-
ción y diseñar intervenciones especícas.
En Argentina, los datos de la Encuesta
Nacional de Factores de Riesgo indican
que el 18,1% de las personas mayores de
65 años reportó algún problema para rea-
lizar sus actividades cotidianas, el 33,7%
mencionó problemas en su movilidad y el
43,9% reportó dolores o malestares físicos
en el cuerpo (INDEC, 2019). La incidencia
de estas problemáticas se incrementa en la
vejez avanzada: el 33% de los mayores de
80 años presenta dependencia para realizar
las actividades básicas de la vida diaria,
mientras que el 55,2% requiere apoyo para
las actividades instrumentales (INDEC,
2014). Estos aspectos podrían impac-
tar en el bienestar de las personas debido a
los cambios en la identidad y la capacidad
de las personas para desarrollar sus acti-
vidades (Andrew et al., 2012). Diversos
estudios han señalado la relación entre la
fragilidad y menores niveles de bienestar
psicológico (Andrew et al., 2012), peor ca-
lidad de vida (Kojima et al., 2016; Crocker
et al., 2019) y un mayor riesgo de depre-
sión en la vejez (Zhou et al., 2024).
Un estudio realizado por Gale et al. (2014)
exploró las asociaciones entre la fragili-
dad y el bienestar hedónico y eudaimó-
nico a partir de los resultados del estudio
longitudinal Inglés del Envejecimiento.
Los autores observan que la incidencia de
pre-fragilidad y fragilidad se relaciona con
el declive de ambos componentes del bien-
estar en hombres y mujeres.
Sin embargo, no debe asumirse que la re-
lación entre la fragilidad y el bienestar sea
simple ni unidireccional (Rubtsova, 2019).
Una vida oreciente podría actuar como
un factor protector frente al desarrollo de
fragilidad en la vejez (Gale et al., 2014).
El bienestar psicológico ha mostrado aso-
ciación con una menor mortalidad por
causas como la hipertensión, el cáncer,
los accidentes cardiovasculares y cere-
brovasculares o el suicidio (Basterra-Gor-
tari et al., 2025). En esta línea, un estudio
longitudinal realizado en China buscó ex-
plorar la relación entre el bienestar subje-
tivo y la fragilidad en personas mayores
de 60 años. Los resultados exponen que
aquellas personas con una menor satisfac-
ción vital presentaron mayor número de
décits y un mayor riesgo de progresión
de fragilidad a lo largo de los años (Liu
et al., 2025).
A su vez, un estudio propone que facto-
res psicosociales como el bienestar, las
actividades sociales y la satisfacción con
el entorno social mediarían la relación
entre la fragilidad y los resultados adver-
sos como hospitalizaciones y mortalidad
(Dent & Hoogendijk, 2014).
A partir de lo expuesto, el presente estu-
dio plantea tres objetivos. En primer lu-
gar, explorar el estatus y los niveles de
fragilidad en personas mayores de edad
avanzada de la ciudad de Mar del Plata,
Argentina. En segundo lugar, comparar el
estatus y los niveles de fragilidad según
el género. Por último, se propone exa-
minar la relación entre la fragilidad y el
orecimiento, tanto a nivel global como
en sus dimensiones de bienestar psico-
lógico, emocional y social, atendiendo a
la existencia de patrones diferenciales en
hombres y mujeres. De este modo, el es-
tudio busca contribuir a la comprensión
de las trayectorias diferenciales de enve-
jecimiento y de los factores que modulan
el bienestar en la vejez avanzada.
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Materiales y métodos
Diseño
Se utilizó un método cuantitativo, con un
diseño no experimental, transversal co-
rrelacional (Hernández et al., 2010). De
acuerdo con el enfoque elegido, las varia-
bles no fueron manipuladas intencional-
mente, sino observadas tal como se presen-
tan en su contexto natural. Asimismo, el
diseño es transversal ya que la recolección
de datos se realizó en un único momento
temporal, permitiendo describir y anali-
zar las características de la muestra en ese
punto especíco del curso vital. Finalmen-
te, el diseño fue correlacional, en tanto se
buscó examinar la relación entre el estatus
de fragilidad y el bienestar, así como ex-
plorar posibles diferencias según el géne-
ro, sin establecer relaciones de causalidad.
Participantes
Se seleccionó una muestra no probabilísti-
ca e intencional, conformada por 100 per-
sonas de entre 80 y 95 años que viven en
hogares particulares de la ciudad de Mar
del Plata, Argentina. La muestra nal in-
cluyó participantes de 80 a 93 años, con un
promedio de edad de 84,7 (DS: 4,1).
Respecto al nivel de instrucción, se obser-
va un bajo nivel educativo en líneas gene-
rales. Las personas fueron contactadas en
diversos dispositivos para personas mayo-
res y en sus domicilios particulares. Las
características sociodemográcas de la
muestra y los estadísticos descriptivos se
presentan en la Tabla 1.
Frecuencia % Media
Edad - - - 84 (4,18)
Género
Masculino 50 50 -
Femenino 50 50 -
Nivel educativo
Primario 56 56 -
Secundario 24 24 -
Terciario/Universitario 20 20 -
Estado Civil
Soltero/a 4 4 -
Casado/a 44 44 -
Viudo/a 49 49 -
Divorciado/a 3 3 -
Ocupación
Laboral previa
Ama de casa 11 11 -
Empleado/Administrativo 32 32 -
Profesional 2 2 -
Docente 3 3 -
Técnico/ gestor /ocios 1 1 -
Comerciante 10 10 -
Otros 41 41
Convivencia
Solo 35 35 -
Con su pareja 41 41
Con familiares 24 24 -
Hijos
Si 86 86 -
No 14 14 -
Tabla 1
Descripción de las variables sociodemográcas de la muestra
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Instrumentos
1. Cuestionario de datos sociodemográ-
cos: Se administró un cuestionario de
elaboración propia, no publicado, dise-
ñado por los autores para explorar las
variables de edad, género, nivel educa-
tivo alcanzado, estado civil, ocupación
laboral previa, grupo de convivencia y
si posee hijos o no.
2. Escala Florecimiento Multidimensio-
nal: compuesta por 12 ítems que eva-
lúan tres dimensiones: bienestar psico-
lógico, emocional y social. El bienestar
psicológico y emocional se evalúan
mediante cuatro ítems cada uno, con un
formato de respuesta tipo Likert de cin-
co puntos que varía de fuertemente de
acuerdo a fuertemente en desacuerdo.
El bienestar social se mide a través de
una escala de diferencial semántico in-
tegrada por cuatro pares de adjetivos bi-
polares, que indagan cómo se han senti-
do las personas durante las últimas dos
semanas. El instrumento fue desarrolla-
do y validado en Argentina, mostrando
alta consistencia interna (coeciente H
= 0.95; omega total = 0.93), así como
niveles adecuados de abilidad en cada
una de las subescalas. Asimismo, los
análisis factoriales exploratorio y con-
rmatorio respaldaron empíricamente
la estructura tridimensional del instru-
mento (Mesurado et al., 2021).
3. Escala de Fragilidad Clínica (CFS-
Es): la misma ha sido validada al es-
pañol por Arias-Rivera et al. (2023)
y evalúa la frecuencia de fragilidad
basándose en 9 perles de respuesta,
que van desde el estadío 1, caracteri-
zado por robustez, plena salud y estado
en forma; hasta el estadío 9 de termi-
nalmente enfermo y fragilidad grave.
Es de rápida aplicación y cuenta con
evidencias sobre su validez predictiva
(Arias-Rivera et al., 2024), consistencia
interna y abilidad intra e interobserva-
dor (Arias-Rivera et al., 2025).
Procedimiento
Los adultos que participaron del estudio
fueron seleccionados de la población ge-
neral, a través de contactos particulares,
de cursos para adultos y en centros de día,
donde las personas no están instituciona-
lizadas. En primera instancia, se estable-
ció contacto individual, y se les brindó
información detallada sobre los objetivos
del estudio, su relevancia cientíca y los
procedimientos implicados. Se garantizó
la participación voluntaria, el anonimato y
la condencialidad de los datos, conforme
a las normativas éticas vigentes. Todos los
participantes rmaron un consentimiento
informado previo al inicio de la evaluación.
Esta investigación adhiere a la Ley Nacio-
nal de la protección de los derechos per-
sonales N° 25.326 (Ley 25.326, 2000), la
Ley Provincial 15462 que regula la inves-
tigación con seres humanos (Ley 15.462,
2023), la Convención Interamericana sobre
la protección de los derechos humanos de
las personas mayores de la Organización
de los Estados Americanos 2015 (OEA,
2015), y los lineamientos para las Cien-
cias Sociales y Humanidades del Comité
de Ética-CONICET 2857-06 (CONICET,
2006). Las técnicas se administraron a los
participantes mediante condiciones estan-
darizadas en una sesión individual, siendo
posible retirarse en cualquier momento del
proceso si el sujeto así lo deseara.
Análisis de datos
Con el n de responder a los objetivos
planteados, se aplicaron análisis estadís-
ticos descriptivos e inferenciales de las
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variables abordadas. En primer lugar se
realizaron análisis descriptivos de los nive-
les de Fragilidad. Luego, para obtener los
valores de la variable estatus de fragilidad,
los mismos fueron recategorizados en dos
grupos: sin fragilidad (1–3) y presencia de
fragilidad (≥4) según el criterio propuesto
por Arias-Rivera et al. (2025) para la Esca-
la de Fragilidad Clínica.
En relación al segundo objetivo, se realizó
un análisis de las frecuencias de los nive-
les de fragilidad según su distribución por
género. Adicionalmente, se realizó un aná-
lisis de chi cuadrado para conocer si existía
relación entre el estatus de fragilidad y el
género.
Para abordar el tercer objetivo, en primer
lugar, se vericaron los supuestos de nor-
malidad de las distribuciones mediante la
prueba de Shapiro-Wilk, lo cual orientó
la selección de pruebas paramétricas o no
paramétricas. Se determinó que las dis-
tribuciones de las variables no cumplían
los requisitos de una distribución normal
(p<.05), por lo cual se procedió a utilizar
una prueba no paramétrica. Se llevaron a
cabo pruebas U de Mann–Whitney para
comparar el orecimiento global y cada
una de sus dimensiones según el estatus de
fragilidad. Finalmente, se utilizó la prueba
U de Mann–Whitney para cotejar los pun-
tajes obtenidos en bienestar social, bienes-
tar psicológico, bienestar emocional y o-
recimiento global en ambos géneros según
el estatus de fragilidad.
Resultados
A continuación, se presentan los princi-
pales hallazgos del estudio organizados
según cada uno de los objetivos especí-
cos del estudio. En relación con el primer
objetivo, la Tabla 2 muestra la distribución
de frecuencias correspondientes a los nue-
ve niveles de fragilidad. Al evaluar el es-
tatus de fragilidad, el 34 % de la muestra
presentó fragilidad, ubicándose entre los
niveles 4 y 9.
Tabla 2
Niveles de fragilidad en personas mayores
Fragilidad n %
1. En forma 9 9,0
2. Bien de salud 25 25,0
3. Adecuado manejo 32 32,0
4. Vulnerable
16 16,0
5. Levemente frágil
11 11,0
6. Moderadamente frágil
6 6,0
7. Severamente frágil
1 1,0
8. Muy severamente frágil
0 0,0
9. Enfermedad terminal
0 0,0
Tot a l 100 100,0
Nota. Según la Escala de Fragilidad Clínica CFS-Es (Arias-Rivera et al., 2023)
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En relación al segundo objetivo que pro-
pone explorar las diferencias por género en
los niveles y estatus de fragilidad, se ob-
servaron diferencias en la distribución de
los niveles de fragilidad (ver Figura 1). Al
tomar en cuenta la recategorización de la
variable, el 46% de las personas de géne-
ro femenino presentó fragilidad, mientras
que en las personas de género masculino el
porcentaje se reduce al 22%. La prueba de
chi cuadrado demostró una asociación es-
Figura 1
Niveles de fragilidad según género
Fragilidad
Número de casos
Femenino
MasculinoGénero:
0
20
15
10
5
1,00 2,00 3,00 4,00 5,00 6,00 7,00
Nota. Se presenta la distribución de frecuencias por nivel de fragilidad (1–9) en hombres y
mujeres según la Escala de Fragilidad Clínica CFS-Es.
tadísticamente signicativa entre el género
y el estatus de fragilidad x²(1, N = 100) =
6.42, p = .011.
Respecto al tercer objetivo, se realizó un
análisis comparativo de las medias obte-
nidas en el índice global de orecimiento
y sus tres dimensiones, de bienestar
psicológico, social y emocional, en el
grupo de personas no frágiles y frágiles. El
primer grupo presentó puntajes superiores
en todos los casos (ver Tabla 3).
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Tabla 3
Descriptivos del Índice Global de Florecimiento y sus tres dimensiones según el estatus de
fragilidad
Estatus de
fragilidad
Media
Desviación
estándar
Bienestar Psicológico No frágiles 17,75 2,67
Frágiles 16,64 2,48
Bienestar Emocional No frágiles 16,86 2,89
Frágiles 14,50 4,05
Bienestar Social
No frágiles 15,53 3,20
Frágiles 15,00 3,02
Florecimiento Índice Global
No frágiles 50,15 7,16
Frágiles 46,15 7,57
El estatus de fragilidad presentó relación
signicativa con el Índice Global de Flore-
cimiento (U = 767.5, p = .010). A su vez,
se observan asociaciones diferenciales
con sus tres dimensiones. Los resultados
muestran que las personas mayores sin fra-
gilidad presentan mayores niveles tanto de
bienestar psicológico (U = 790,5, p = .014)
como de bienestar emocional (U = 721,0,
p = .003), en comparación con aquellas
que presentan fragilidad. No obstante, no
se hallaron diferencias estadísticamente
signicativas en la dimensión de bienestar
social entre ambos grupos.
Finalmente, se observan diferencias por
género en las relaciones entre fragilidad
y orecimiento. Para el género masculi-
no se observó una diferencia signicativa
entre los valores de bienestar psicológi-
co de hombres frágiles y no frágiles (U =
107,5; Z = -2,53; p = .011), no así para las
dimensiones de bienestar emocional y so-
cial. Mientras tanto, en relación al género
femenino se observa una diferencia signi-
cativa en la media de bienestar emocional
entre mujeres frágiles y no frágiles (U =
194,5; Z = -2,28; p = .023), mientras que
no se hallaron diferencias en las dimensio-
nes de bienestar psicológico y social.
Discusión
En primer lugar, los resultados muestran
que la fragilidad es una condición frecuen-
te en la muestra estudiada, alcanzando
a más de la tercera parte de las personas
mayores evaluadas. Este hallazgo coincide
con estudios previos que señalan una alta
proporción de fragilidad en edades avanza-
das (da Mata et al., 2016; Matus-López &
Chaverri-Carvajal, 2023), lo que refuerza
la necesidad de identicar tempranamente
signos de vulnerabilidad funcional y psi-
cosocial en este grupo etario. Como limi-
tación, se destaca la escasez de estudios
epidemiológicos en la región, que valoren
la fragilidad y la incidencia de problemáti-
cas especícas de la vejez avanzada en el
contexto local.
En segundo término, se observaron dife-
rencias signicativas por género en la dis-
tribución de la fragilidad, siendo las mu-
jeres quienes presentaron una mayor pro-
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porción de casos frágiles en comparación
con los varones. Este resultado se alinea
con los estudios de prevalencia de otras
regiones (Zeidan et al., 2023), así como
con la literatura que describe una para-
doja de género en la vejez, en la cual las
mujeres tienden a vivir más años, pero con
mayor carga de enfermedad o limitaciones
funcionales (Nathanson, 1975; Verbrugge,
1985, 1989; Macintyre et al., 1996; Crim-
mins et al., 2011).
En relación con el bienestar, los resulta-
dos evidencian que las personas mayores
no frágiles presentan niveles más elevados
de bienestar psicológico y emocional, así
como un índice global de orecimiento
superior. Este resultado es coherente con
investigaciones previas que abordaron esta
relación en la vejez (Andrew et al., 2012;
Gale et al., 2014; Liu et al., 2025).
En este sentido, la evidencia apoya la pers-
pectiva de que la fragilidad no solo implica
una condición física o médica, sino que se
trata de una condición multidimensional
(Sciacchitano et al., 2024), asociada con
menores niveles de bienestar, especial-
mente en las dimensiones relacionadas con
el sentido, la vitalidad y el equilibrio emo-
cional. La ausencia de diferencias signi-
cativas en el bienestar social podría indicar
una mayor estabilidad o resiliencia en las
redes de apoyo y vínculos sociales, aun en
condiciones de fragilidad.
Como futura línea de trabajo, se propone
que la realización de estudios longitudina-
les y de mayor alcance podrían contribuir
a esclarecer la relación entre la fragilidad y
el orecimiento en la región, atendiendo a
las diferencias de género que existen en las
trayectorias vitales. A su vez, la inclusión
de otras variables sociodemográcas que
podrían actuar como mediadoras o protec-
toras, tales como el nivel socioeconómico,
los años de educación o el apoyo social
percibido podrían contribuir a comprender
los determinantes del bienestar social en la
vejez avanzada.
Finalmente, al considerar las diferencias
por género, se identicaron patrones dife-
renciados en la relación entre fragilidad y
bienestar: en los varones, la fragilidad se
vinculó con menores niveles de bienestar
psicológico, mientras que en las mujeres
el impacto se observó principalmente en
el bienestar emocional. Estos hallazgos
sugieren que los procesos de adaptación a
la fragilidad pueden tener componentes di-
ferenciales según el género, posiblemente
asociados con la socialización, las expec-
tativas de rol y las estrategias de afronta-
miento características de cada grupo.
Futuros estudios cualitativos podrían con-
tribuir a la comprensión de estas experien-
cias subjetivas, y profundizar el conoci-
miento sobre los distintos impactos que la
fragilización puede tener sobre el bienestar
integral. Asimismo este tipo de estudios
posibilitará un análisis más detallado y
complejo de cómo los aspectos físicos,
psicosociales y cognitivos de la fragilidad
interactúan especícamente con cada di-
mensión del orecimiento.
Conclusiones
El presente estudio espera ser un aporte
al conocimiento sobre la vejez avanzada
en Argentina. Los principales resultados
muestran la incidencia de fragilidad en
una muestra de 100 personas mayores de
80 a 95 años y su distribución por género,
con resultados similares a los de estudios
epidemiológicos y revisiones previas. A su
vez, se conrma la asociación entre el es-
tatus de fragilidad y el género y el estatus
de fragilidad y el orecimiento.
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Las personas no frágiles presentaron ni-
veles más elevados en el orecimiento
global, y se observan diferencias signica-
tivas en sus dimensiones de bienestar psi-
cológico y emocional, no así en relación al
bienestar social. Al comparar por género,
se observan relaciones diferenciales entre
el estatus de fragilidad y las dimensiones
de orecimiento: la presencia de fragilidad
se asoció con menor bienestar psicológico
en personas de género masculino, y con
menor bienestar emocional en personas de
género femenino.
En conjunto, los resultados destacan la
importancia de abordar la fragilidad des-
de una perspectiva integral que contemple
no sólo los aspectos físicos, sino también
los psicológicos y emocionales, así como
las diferencias de género que modulan su
impacto en el bienestar. Desde una mirada
gerontológica, esto refuerza la necesidad
de desarrollar intervenciones sensibles al
género que promuevan el orecimiento y
la calidad de vida en la vejez, tanto en la
prevención como en el acompañamiento
de la fragilidad.
Declaración de conicto de intereses:
Los autores declaran no tener potencia-
les conictos de interés con respecto a la
investigación, autoría y/o publicación de
este artículo.
Declaración de aprobación ética o con-
sentimiento informado: Toda la informa-
ción extraída del estudio se codicará para
proteger el nombre de cada sujeto. No se
utilizarán nombres u otra información de
identicación al discutir o informar datos.
Todos los sujetos dieron su consentimiento
informado para su inclusión antes de par-
ticipar en el estudio. Los investigadores
mantendrán de forma segura todos los ar-
chivos y datos recopilados.
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Para referenciar este artículo utilice el siguiente formato:
Pereyra, M., Aldana, F., & Arias, C. (2026, enero-junio). Florecimiento y fragilidad en personas
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